Erich Slomovic, el “pequeño judío de Belgrado”

Erich Slomovic tuvo una corta pero prodigiosa vida como coleccionista de arte que se vería truncada a la edad de 27 años cuando fue asesinado por la GESTAPO debido a su condición de judío.
Varios de los más importantes pintores del mundo tuvieron una estrecha relación con Slomovic, gracias a ser la persona de confianza de Ambroise Vollard, coleccionista y galerista que representó a pintores de la talla de Picasso, Matisse, Cèzanne o Renoir, artistas con los que también Slomovic se relacionó.

Slomovic con Marc Chagall
Ya desde niño Erich mostró un gran interés por el arte y soñaba con convertirse en coleccionista como su ídolo y más adelante amigo Vollard, el descubridor de muchos de los más importantes artistas del siglo XX. La admiración que sentía por el francés le hizo escribirle una misiva con la edad de 13 años en la que simplemente expresaba su deseo de ser como él. Esta carta, escrita en 1928, tuvo respuesta en 1935 invitándole a ir a París. Slomovic hizo las maletas y marchó a la Ciudad de la Luz con su  pequeño cuaderno al que llamó “Kolektanea” que le acompañaría siempre a partir de entonces.

Retrato de Erich por Matisse
El “Kolektanea” hoy en día no tiene precio y es la prueba de que Slomovic era un coleccionista apasionado. Pero… ¿Por qué es tan importante el Kolektanea? Su importancia reside básicamente en su contenido. Su hojas están plagadas de bocetos y caricaturas que Erich pedía a los artistas que admiraba. Comenzó en Belgrado, donde pasó parte de su infancia, con sus adorados Pjer Krizanic y Pavle Vasic, continuando más tarde en París con artistas de la talla de Chagall, Picasso, Cocteau, Klee y un largo etcétera.
Nunca estuvo demasiado clara la relación entre Slomovic y Vollard, ya que no existe ningún documento que pruebe una relación profesional entre ambos, aunque la teoría más aceptada es que la relación profesional entre ellos fuese informal y seguramente no remunerada, por lo menos económicamente. Lo que sí se sabe es que fue Vollard fue quien introdujo a Slomovic en los círculos artísticos en los que pudo adquirir obras que, con el tiempo,  alcanzarían valores extremadamente altos.
Retrato de Erich por Cocteau
En julio de 1939 la sombra de la guerra comenzó a amenazar seriamente París.

Vollard fallecería en un accidente de tráfico a la edad de 73 años con un inmenso legado patrimonial y sin actualizar su testamento. Sin herederos directos, todo su patrimonio fue a parar a sus hermanos y a Madame de Galea, su amante durante muchos años.

Tras la muerte de su protector y en vista de la situación, Slomovic decide regresar a Belgrado, donde las hostilidades no estaban tan instauradas, con la idea de comenzar el desarrollo de un museo de arte moderno para albergar, en principio, alrededor de sus 600 obras. Antes de iniciar el viaje depositó 140 de estas piezas en la “Société Générale” de París y el resto fueron enviadas a Belgrado en una valija diplomática gracias a la ayuda del Embajador de Yugoslavia.
A su llegada a Belgrado se puso en contacto con los comisarios y personal del Prince Paul Museum, aunque, lamentablemente, la acogida no fue la esperada. Tras este desprecio, tomó la decisión de intentarlo en Zagreb, donde la acogida no sólo fue mucho más agradecida por parte de la comunidad artística, sino que la exposición sería un éxito rotundo, realizada desde noviembre de 1940 a enero del 1941. Acabado el evento las pinturas retornaron a Belgrado y Slomovic comenzó a planear la construcción de su propio museo. Para encargarse del diseño de este proyecto llamó a su amigo Le Corbusier que se encargó de los bocetos preliminares para un terreno que había sido adquirido con tal fin en el suburbio de Dedinje.
Mientras, Slomovich seguía intentando negociar con el Príncipe Paul, pero éste estaba más ocupado en intentar evitar la invasión Nazi de Yugoslavia. De hecho, llegó a firmar un acuerdo con Hitler el 25 de marzo de 1941, al igual que muchos de los países vecinos que se unieron al Eje. Dos días después fue derrocado tras un alzamiento popular y en menos de un mes el país era invadido por el ejército alemán.
Erich y su familia escaparon y se refugiaron en una pequeña cilla serbia, Bacina, donde pensaban que estarían seguros, llevando con ellos todas las obras de su colección, ocultas en un doble muro construido a tal efecto, donde permanecieron hasta que el Ejército Rojo liberó Yugoslavia en 1944.
Slomovic, su hermano y su padre fueron capturados por la GESTAPO, nunca se sabrá si por casualidad o por venganza, y fueron asesinados, sin que todavía se tengan noticias de dónde ni cómo.
Rosa, la madre de Erich, y una familiar que también había enviudado se quedaron en Bacina y trataron de conseguir la ayuda del actual gobierno. Cuando consiguieron respuesta a sus misivas, un tren fue enviado para transportar toda la colección a a Belgrado donde ellas comenzarían una nueva vida. Pero, en un nuevo giro de la historia, ese tren nuca llegaría a su destino ya que descarriló y muchas de las obras se perdieron en ese accidente.
Finalmente, se realizó años más tarde un inventario de las obras que todavía permanecían. Los comisarios del Museo de Belgrado catalogaron menos de 350 piezas pertenecientes a los mejores pintores del siglo XX tales como Cézanne, Dégas, Gauguin, Renoir, Matisse, Bonnard y Derain, entre otros. Probablemente, algunas de las obras que no se perdieron en el accidente se encuentren en paradero desconocido, robadas del lugar donde descarriló el convoy. Además, el maravilloso cuaderno Kolektanea tampoco fue encontrado en esa época.
En 1979 parte de la colección estaba en París, en la Société Générale, quien, poniendo como excusa que la renta del deposito no había sido pagada en años abrió la cámara de Slomovic e intentó realizar una subasta con las piezas allí almacenadas para sufragar la deuda que ascendía a solamente unos cuantos miles de francos. Los herederos de Vollard y Slomovic entraron en escena y reclamaron las obras. El litigio continuó hasta 2010 cuando la casa de subastas Sotheby`s consiguió via libre para realizar la subasta en la que los 51 lotes alcanzarón un total de algo más de 135 millones de euros.
Las ganancias obtenidas en esta subasta fueron para los herederos de Vollard que convencieron a las autoridades francesas de que Slomovic no era el propietario legítimo del legado de Amboise Vollard ya que la única prueba que podía haber evidenciado que la propiedad era de Erich, la Kolektanea, nunca fue mencionado en los informes franceses.
El resto de las obras se encuentran en Belgrado, almacenadas en el  Museo Nacional de Serbia, que se encuentra cerrado por reformas desde hace años y no parece que vaya a ser abierto próximamente.
En la actualidad los herederos de Vollard están muy pendientes de las obras que se encuentran en la capital Serbia. En abril de 2012 declararon su intención de demandar al gobierno Serbio por albergar y exhibir obras de arte “robadas”.
La Kolektanea reapareció en 1980 en manos de un expolicía secreto, Bora Neskovic, quien contó una historia con algunas partes sin mucho sentido narrando lo que le había ocurrido a su hermano en una galería de suiza donde adquirió el famoso cuaderno. Al parecer, Neskovic lo vendió a un coleccionista privado pero, después, estaba en manos de un editor de libros de arte que deseaba llevar a cabo una suculenta venta clandestina pero que de mala gana lo devolvió, no sin antes escanear todas sus páginas. El sueño de este editor es llevar a cabo una versión facsímil de tan única compilación de artistas… no sabemos si lo conseguirá algún día.

Información obtenida de http://www.erich-slomovic.com/

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