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El tresillo Isabelino como mobiliario esencial en el decoro de los recintos

Qué es?

Cuando hablamos de una tresillo Isabelino nos estamos refiriendo, fundamentalmente, a mobiliario utilitario, un sofá. Lo que lo caracteriza y lo hace sobresalir es su particular estilo, el cual debe su nombre a que surge durante el reinado de Isabel II. 

Cómo fue su evolución?

En su desarrollo podemos distinguir dos fases dentro del reinado de Isabel II en España (1833 – 1868). Durante la primera fase, que abarcaría el periodo desde 1833 hasta 1843, el estilo Isabelino bebe directamente del estilo francés, estando caracterizado por el uso de la caoba y la ornamentación en bronce. Sin embargo, en el segundo período (1843 – 1868) se puede apreciar como el estilo refinado y elegante que define este tipo de piezas, va evolucionando hasta volverse más tosco. 

El tipo de material

Este tipo de mobiliario, que solía estar pensado para una casa burguesa, acostumbraban estar tallados en madera, la cual tiende a empobrecerse a medida que avanza el siglo, cambiando en muchas ocasiones la caoba y el ébano por el pino chapado. El tapizado habituaba ser de raso o terciopelo, siempre de un color acentuado o que contrastase con la madera. Así mismo, era común que se rematasen con botones, quedando la tapicería compartimentada en redes de rombos. 

Hablemos de precios…

Estamos hablando de muebles que estaban destinados a los ambientes de mayor riqueza, por lo que normalmente tienen una opulencia ornamental exquisita. Si bien, actualmente podemos encontrar infinidad de copias ( bastante desafortunadas) en el mercado. Así, el precio de una autentica pieza del siglo XIX, en buen estado, podría alternar entre los 300 hasta los 2500 euros. Debemos tener en cuenta que el precio de mercado dependerá más de los gustos de decoración actuales que de la calidad de la pieza en si misma, puesto que tresillos demasiado tallados o con tapicerías demasiado decoradas tendrán dificultades par encajar en una estancia moderna, lo que indudablemente repercutirá en el precio. 

Un artículo de Jéssica Campelo Rodríguez