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El Mantón de Manila

El Mantón de Manila tiene su origen en China, se populariza entre las clases altas en las colonias hispanoamericanas, especialmente en México. Los primeros mantones llegaron a España a principios del s. XIX. Posteriormente sufren un proceso de transformación, adaptándola al gusto español. El mantón que originariamente se empleaba como cobertor o tapiz, pasará a convertirse en uno de los complementos más característicos de la indumentaria femenina española.

PRIMEROS MANTONES ESPAÑOLES

Los primeros mantones llegaron a España a principios del s. XIX. Los españoles enviaban los diseños a Cantón (China) para que se reprodujera al gusto español. El mantón se realizaba con hilos de seda y se bordaba con motivos orientales. El cromatismo del mantón era muy variado aunque los colores clásicos eran el negro y el marfil. Posteriormente, se van introduciendo más tonos acorde con las modas.

DISEÑOS Y TÉCNICA

El diseño se efectuaba en un papel que se perforaba para traspasar el motivo al mantón a base de unas tizas que se pasaban sobre unas plantillas perforadas con lo que se dejaba la impronta en la tela. Posteriormente, se procedía a bordarlo sobre un bastidor.

La técnica era el bordado a matiz o también denominado “pintura de aguja” y, finalmente, se remataba el mantón con flecos, elemento heredado de los árabes y que se realizaba con hilos de seda, mediante la técnica del macramé. Los flecos son un aspecto a tener en cuenta a la hora de datar los mantones puesto que los más antiguos eran ejecutados con flecos pequeños y simples, pero a partir del siglo XIX se irá complicando su factura con el desarrollo de la técnica del macramé. Los flecos van formando un dibujo a base de nudos que se forman manualmente. Al principio los flecos se entrelazaban en el mismo mantón pero, posteriormente, se pasó a realizar primero los flecos para unirlos al pañuelo a través de pequeñas puntadas.

El mantón de Manila se consideraba un artículo de lujo, a partir del último tercio del siglo XIX sólo lo vestían las mujeres de las clases más pudientes pero, a partir del último tercio del siglo XIX, su uso se va generalizando. 

DATACIÓN GENERAL

Planteando la datación del mantón de manila en base al estudio de Caroline Stone, autora de un catálogo de exposición sobre esta prenda que plantea un ensayo de cronología desde 1820 hasta finales del siglo XIX, a partir de materiales y diseños podemos ver que:

Entre 1820-1830 se bordan en tela fina, con una cenefa sencilla y bordados en flores pequeñas. No hay animales ni otras escenas y no existe macramé.

Entre 1840-1850 la cenefa se va haciendo más ancha y la decoración es a base de flores pequeñas, mariposas, guirnaldas y escenas rústicas. Los flecos tienen una dimensión de 10 a 20 cm.

Entre 1850-1860 se bordan las cuatro esquinas y el mantón se llena de flores y el fleco alcanza los 20 cm.

En 1870 se aprecia ya el denominado en arte “horror vacui” en la decoración de las sedas. El dibujo es más elaborado y va desapareciendo la flora exótica. El fleco va adquiriendo más importancia hasta llegar a los 50cm.